En un entorno corporativo donde la única constante es el cambio, las empresas en México enfrentan desafíos que exigen decisiones audaces. En este contexto, el director de riesgos ha dejado de ser una figura técnica de segundo plano para convertirse en un agente estratégico clave.
La creciente complejidad global obliga a repensar la gestión de riesgos. Ya no basta con mitigar amenazas financieras o regulatorias. Se trata de anticipar eventos disruptivos, proteger la reputación, defender la ciberseguridad y construir confianza en la toma de decisiones.
De ahí que este perfil haya evolucionado hacia un liderazgo transversal, con voz en el comité ejecutivo y una agenda que impacta directamente en la estrategia empresarial.
Gestión de riesgos: el músculo silencioso de la innovación
En lugar de frenar la innovación, el área de riesgos se ha transformado en su mejor aliada. Las empresas que innovan con seguridad crean condiciones propicias para el crecimiento sostenible. Por eso, cada vez más organizaciones en México integran modelos predictivos y análisis de datos avanzados que permiten convertir la incertidumbre en ventaja competitiva. Esta nueva forma de gestionar riesgos exige talento preparado, sí, pero sobre todo mentes con agilidad adaptativa y pensamiento crítico.
Además, el fortalecimiento de culturas organizacionales basadas en la confianza y la transparencia permite a los líderes de riesgo operar con mayor autonomía y eficacia. Su capacidad de influir no proviene solo de su expertise técnico, sino del valor que aportan al anticipar escenarios y fomentar decisiones valientes con responsabilidad.
Una encuesta reciente de Deloitte reveló que 66% de los líderes empresariales a nivel global considera que los riesgos no financieros como los reputacionales o los sociales han superado a los financieros en impacto potencial.
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