El pitido chirriante del fax, entrañable sonido de los años noventa, todavía resuena en Berlín como la música tecno. En Alemania, este aparato sigue siendo parte esencial de la vida diaria de empresas, hospitales, juzgados y oficinas públicas. Tres de cada cuatro compañías alemanas lo usan aún hoy, y una de cada cuatro lo hace con frecuencia. En la primera economía de Europa, lo que parece un anacronismo es, en realidad, una pieza clave del engranaje administrativo.
El estudio más reciente de Bitkom, realizado en 2025 con empresas de más de veinte empleados, expone una realidad tan sorprendente como estructural. El 56% de quienes siguen usando fax lo consideran indispensable para comunicarse con autoridades públicas. Esta dependencia se replica en múltiples sectores donde la digitalización no ha sustituido los sistemas tradicionales.
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Más allá de la burocracia, el fax tiene otros defensores. Un 43% lo ve más seguro que el correo postal, el 35% dice que sus procesos están diseñados en torno a él y un 27% lo mantiene por costumbre o por contar con comprobantes de entrega. En 2018, el 95% de las empresas lo utilizaban; para 2023, la cifra bajó solo al 82%. Hoy, en 2026, aún lo emplea el 77%, y más de la mitad prefiere la versión impresa.
Aunque existen alternativas legales y más seguras como firmas digitales, correos con confirmación o protocolos EDI, su adopción implica más que una inversión: requiere replantear procesos que han funcionado por décadas. “Es necesario que todas las partes estén dispuestas a adquirir nuevos conocimientos digitales”, advierte Bitkom.
Pese a que el Bundestag eliminó oficialmente el uso de fax en julio de 2024, el resto del aparato público alemán aún no ha seguido su ejemplo.
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