El futuro energético de México comienza a redefinirse ante nuevas decisiones estratégicas. El fracking vuelve al centro del debate como una opción para fortalecer la producción de gas natural y reducir la dependencia externa.
La propuesta plantea un cambio relevante en la política energética nacional. Aunque el país mantiene una fuerte relación con importaciones desde Estados Unidos, el desarrollo de recursos no convencionales abre nuevas oportunidades de autosuficiencia.
Impulsa proyección de crecimiento energético
El gobierno federal estima que la producción de gas podría aumentar hasta 260% hacia 2035. Esto permitiría pasar de niveles actuales cercanos a 2,300 millones de pies cúbicos diarios a más de 8,000 millones.
Además, cerca del 40% de este volumen provendría de yacimientos no convencionales. Este escenario responde a la necesidad de atender una demanda creciente impulsada por la industria y la generación eléctrica.
Asimismo, México cuenta con recursos prospectivos de gas no convencional superiores a 141 billones de pies cúbicos. Esta cifra representa un potencial significativo para el desarrollo energético a largo plazo.
Fracking y el reto ambiental en la estrategia energética
También se reconoce que el fracking implica desafíos ambientales relevantes. Por ello, el gobierno plantea integrar a científicos y especialistas que definan lineamientos para una explotación responsable.
Por otro lado, la demanda de gas natural seguirá en aumento en los próximos años. Se prevé un crecimiento cercano al 30%, impulsado por proyectos industriales y energéticos en expansión.
En consecuencia, aunque México difícilmente eliminará las importaciones en el corto plazo, el desarrollo de estos proyectos podría reducir gradualmente la dependencia externa. Actualmente, el país consume alrededor de 9.1 mil millones de pies cúbicos diarios, de los cuales cerca del 75% proviene del extranjero.




