El desarrollo económico de una ciudad no depende únicamente de su tamaño o historia. En México, la capacidad para atraer inversión, generar empleo y retener talento se ha convertido en un factor decisivo para construir bienestar y oportunidades.
Acapulco y Chilpancingo enfrentan ese desafío desde una posición compleja. El Instituto Mexicano para la Competitividad identificó a ambas ciudades entre las de menor competitividad urbana del país, un resultado que refleja rezagos en distintos indicadores relacionados con economía, infraestructura, seguridad y condiciones institucionales.
Competitividad urbana y desarrollo regional
La competitividad urbana mide la capacidad de una ciudad para generar, atraer y retener talento e inversión. Para ello, el IMCO evalúa decenas de indicadores agrupados en áreas clave como mercado laboral, innovación, infraestructura, sociedad y gobierno.
En este contexto, los resultados de Acapulco y Chilpancingo evidencian obstáculos que limitan su crecimiento económico. Sin embargo, también muestran una oportunidad para impulsar políticas públicas y proyectos que fortalezcan la productividad regional.
Además, ambas ciudades cuentan con ventajas estratégicas. Acapulco conserva un papel relevante como destino turístico y centro logístico del Pacífico mexicano. Por otro lado, Chilpancingo mantiene una posición clave como capital de Guerrero y nodo administrativo del estado; La experiencia de otras ciudades mexicanas demuestra que la competitividad puede mejorar mediante inversiones enfocadas en conectividad, educación, innovación y seguridad.
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