La disciplina suele asociarse con grandes objetivos: entrenar para una competencia, completar un proyecto o mantener durante meses una determinada rutina. Sin embargo, muchas veces comienza con algo mucho más pequeño: levantarse cuando suena la alarma y dedicar unos minutos a una actividad que se decidió hacer de antemano.
Para Mónica Reyes Fuchs, ex Secretaria de Turismo de Morelos, ese pequeño acto ha adquirido especial importancia desde que incorporó el ejercicio a sus mañanas. No lo considera únicamente una cuestión de condición física. La experiencia le ha mostrado que iniciar el día cumpliendo con un compromiso personal puede modificar la manera en que se relaciona con las demás actividades que vienen después.
“Cuando entreno temprano siento que ya hice algo que quería hacer, antes de que aparezcan todas las demás obligaciones. Es una sensación muy sencilla, pero para mí tiene mucho valor”, cuenta Mónica Reyes Fuchs.
El hábito antes que la motivación
Una de las dificultades de hacer ejercicio puede ser esperar a tener ganas de hacerlo. La motivación cambia de un día a otro, mientras que los hábitos dependen en mayor medida de la repetición y de la estructura que una persona construye alrededor de una conducta.
Por eso, convertir el ejercicio en una actividad habitual de la mañana puede reducir la posibilidad de que quede desplazado por los pendientes que aparecen conforme avanza la jornada.
Mónica Reyes Fuchs encontró precisamente en esa constancia uno de los principales beneficios. No significa que todas las mañanas sean iguales ni que siempre resulte sencillo levantarse para entrenar. La diferencia está en haber convertido la actividad en una parte reconocible de su rutina.
Además, la actividad física puede aportar beneficios que van más allá del movimiento. La OMS señala que el ejercicio regular contribuye al bienestar general y puede favorecer la salud mental. También existe evidencia sobre su relación con funciones cognitivas como la atención, la memoria y la planificación.
De la rutina física a la sensación de control
La experiencia de Mónica Reyes Fuchs también plantea una relación interesante entre ejercicio y percepción del tiempo. Cuando una persona comienza el día reaccionando a mensajes, pendientes y solicitudes ajenas, puede tener la impresión de que la jornada empieza antes de haber tomado una decisión propia.
El ejercicio puede romper momentáneamente esa dinámica. Durante unos minutos, la atención está puesta en una actividad elegida deliberadamente y no en las demandas externas.
“Antes podía sentir que desde que abría los ojos ya estaba respondiendo a cosas. Ahora me gusta que haya algo que hago primero porque yo decidí hacerlo”, explica Mónica Reyes Fuchs.
La psicología ha estudiado la relación entre el cumplimiento de objetivos y la autoeficacia. Completar una acción que se había planeado puede reforzar la confianza para afrontar otras tareas. Además, la actividad física se ha relacionado con mecanismos de regulación emocional y con una mejor capacidad para gestionar el estrés.
Esto no significa que una rutina de ejercicio elimine los problemas cotidianos. Su efecto puede ser más sencillo: cambiar el punto desde el que se enfrentan.
Para Mónica Reyes Fuchs, ese es precisamente el mayor aprendizaje. La mañana activa no garantiza un día perfecto, pero sí puede establecer una primera sensación de avance. Y cuando el primer compromiso del día es con una misma, las demás obligaciones pueden comenzar desde un lugar diferente.
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