Blockbuster, auge y declive de un gigante del entretenimiento

Interior de una tienda Blockbuster que simboliza el auge y la caída del modelo tradicional de renta de películas frente al streaming.
Blockbuster, auge y declive de un gigante del entretenimiento

Durante décadas, rentar una película fue parte central de la vida cotidiana en Estados Unidos. Blockbuster convirtió ese hábito en una experiencia masiva y estandarizada, con miles de tiendas y una marca presente en todo el mundo. Su trayectoria resume cómo la innovación impulsa el crecimiento y cómo la falta de adaptación acelera la caída.

La empresa nació en 1985 en Dallas, Texas, con una propuesta distinta a los videoclubes tradicionales. Integró inventarios digitalizados, amplió títulos y ordenó la experiencia del cliente. Además, exhibió las películas como librerías, facilitando la elección. En consecuencia, el modelo escaló con rapidez y sentó las bases de su dominio a finales de los años ochenta.

Blockbuster y el modelo que dominó el mercado

Bajo una estrategia agresiva de expansión, la cadena alcanzó miles de sucursales y se volvió referente cultural. Asimismo, incorporó la renta de videojuegos y horarios extendidos para aumentar la rotación. El negocio prosperó con un flujo constante de clientes y con ingresos relevantes por penalizaciones de retraso.

La entrada de grandes inversionistas y la posterior adquisición por Viacom consolidaron su presencia mediática. Por otro lado, el entorno tecnológico comenzaba a cambiar con rapidez. Lee también: Aranceles ya presionan los precios en Amazon, advierte su CEO

Tecnología, decisiones y el colapso

La llegada del DVD y su venta a bajo precio alteraron el equilibrio del negocio. Además, el surgimiento de Netflix modificó hábitos de consumo con un modelo por suscripción y envío por correo. En 2000, una posible compra de Netflix fue descartada, una decisión clave para el futuro.

Bajo el liderazgo de John Antioco, la empresa intentó adaptarse eliminando recargos y lanzando una plataforma en línea. Sin embargo, conflictos internos y presiones financieras frenaron la transición. Posteriormente, se priorizaron de nuevo las tiendas físicas y se reintrodujeron penalizaciones, alejándose del cambio digital.

En 2010, Blockbuster se declaró en bancarrota. Para 2014, cerró casi todas sus sucursales, quedando una sola tienda operativa en Oregón. El caso confirma que anticipar tendencias y sostener la innovación resulta esencial para la supervivencia empresarial.

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