La promesa dominante en la cultura laboral de Estados Unidos no advierte que la inteligencia artificial quitará empleos. Sostiene algo más atractivo. Afirma que la IA aliviará la carga de trabajo y permitirá hacer más con menos esfuerzo.
Esa narrativa se instaló con fuerza en oficinas, despachos y equipos tecnológicos. La idea central plantea que la IA multiplica capacidades y vuelve más valiosos a abogados, consultores, programadores y analistas. Sin embargo, la evidencia reciente sugiere que el resultado puede ser distinto. En lugar de liberar tiempo, la adopción intensiva podría estar acelerando el burnout.
IA y burnout en entornos corporativos
Una investigación publicada en Harvard Business Review siguió durante ocho meses a una empresa tecnológica de 200 empleados en Estados Unidos. Investigadores de UC Berkeley realizaron más de 40 entrevistas en profundidad para analizar qué ocurrió cuando el equipo adoptó la IA de manera genuina.
Nadie impuso nuevas metas ni aumentó formalmente los objetivos. Aun así, los trabajadores comenzaron a asumir más tareas porque las herramientas hacían que más trabajo pareciera posible. Las listas crecieron. Las jornadas se extendieron. El tiempo liberado por la tecnología se llenó rápidamente con nuevas responsabilidades.
Un ingeniero resumió la experiencia con claridad. Creyó que trabajaría menos gracias a la IA, pero terminó haciendo lo mismo o incluso más. En foros como Hacker News, otros profesionales describieron un patrón similar. Reportaron expectativas triplicadas y niveles de estrés mayores, mientras los incrementos reales de productividad rondaban apenas 10%.
Productividad limitada, presión creciente
Estudios previos ya habían sembrado dudas. Un ensayo mostró que desarrolladores experimentados tardaron 19% más usando herramientas de IA, aunque creyeron ser 20% más rápidos. Otro análisis del National Bureau of Economic Research encontró ganancias promedio de solo 3% en tiempo ahorrado, sin cambios relevantes en salarios ni horas trabajadas.
Este nuevo estudio no niega que la IA aumente capacidades. Confirma ese efecto. No obstante, también revela que esa ampliación puede traducirse en fatiga, mayor presión organizacional y dificultad para desconectarse.
Cuando las expectativas de velocidad y respuesta aumentan sin redefinir límites, la eficiencia tecnológica puede convertirse en un catalizador de burnout, especialmente en sectores que ya operan bajo alta exigencia.




