La deuda de CoreWeave, una empresa de servicios de inteligencia artificial respaldada por Nvidia, está generando preocupación entre los inversionistas. La compañía acumula obligaciones cercanas a los 50.000 millones de dólares, mientras aumenta su gasto en centros de datos y equipos para IA.
La caída de sus acciones y bonos ha abierto dudas sobre la capacidad del sector para mantener su rápido crecimiento. El principal temor no es una falta inmediata de clientes, sino el costo de financiar proyectos que requieren grandes inversiones antes de generar ingresos.
CoreWeave acumula deuda mientras amplía sus centros de datos
La empresa alquila capacidad de procesamiento de chips Nvidia a compañías como Microsoft y OpenAI. Este modelo permite acceder a recursos para desarrollar inteligencia artificial sin construir centros de datos propios.
Sin embargo, requiere grandes inversiones en equipos e infraestructura. En agosto, la compañía elevó su plan de gasto anual hasta un rango de 35.000 a 39.000 millones de dólares.
Los analistas esperan ingresos cercanos a 13.000 millones de dólares este año, pero también pérdidas de 2.130 millones. La empresa todavía no ha logrado obtener ganancias.
La presión financiera también aparece en sus bonos. Los títulos con vencimiento en 2031 ofrecen rendimientos cercanos al 16%, mientras el costo de asegurar su deuda frente a impagos ha aumentado.
Nvidia respalda la demanda, pero persisten las dudas
Mike Intrator, director ejecutivo de la compañía, aseguró que sus contratos futuros superan ampliamente sus obligaciones financieras.
Al cierre del segundo trimestre, la empresa contaba con una cartera de ingresos de 104.200 millones de dólares, a la que sumó más de 25.000 millones en nuevos compromisos durante el inicio del tercer trimestre.
Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, también defendió su situación financiera. Además, Nvidia mantiene un acuerdo para comprar capacidad que la empresa no consiga vender hasta abril de 2032.
Pese a estas garantías, los inversionistas temen que el aumento de los intereses y la rápida pérdida de valor de los chips afecten la rentabilidad del negocio.
El riesgo también alcanza al resto del sector. Las grandes tecnológicas estadounidenses prevén invertir más de 700.000 millones de dólares en infraestructura de IA este año.
Si los bancos y otros prestamistas endurecen sus condiciones, las empresas podrían reducir sus proyectos y la compra de equipos.
Para los mercados, el caso se ha convertido en una prueba de si el crecimiento de la inteligencia artificial puede sostener el enorme gasto necesario para desarrollar su infraestructura.




