CULTURA

De la Rosa convirtió al mazapán en símbolo de México

Pocas marcas logran trascender el consumo y convertirse en parte de la identidad de un país. En México, el mazapán dejó de ser solo un dulce para transformarse en un símbolo cultural ligado a la memoria colectiva, una historia que tiene nombre propio y origen tapatío.

La trayectoria de Dulces de la Rosa comenzó en 1942, cuando el artesano Jesús Michel González inició la elaboración de dulces de manera artesanal desde su hogar en Guadalajara. Sin una estrategia industrial detrás, el proyecto creció impulsado por conocimiento, constancia y cercanía con la gente.

La experiencia química de su fundador, adquirida tras trabajar en farmacéuticas, permitió experimentar con fórmulas propias. De ese proceso nació Conitas, producto que sentó las bases de la empresa y abrió el camino para una innovación que marcaría su historia.

El mazapán que cruzó fronteras

El primer mazapán de cacahuate se popularizó rápidamente en Guadalajara y su zona metropolitana. Su aceptación impulsó la expansión del producto a todo el país, hasta convertirse en un dulce presente en millones de hogares mexicanos.

El nombre de la marca no surgió de una decisión corporativa. Según explicó Jesús Michel González, fue el propio público quien la bautizó a partir de la rosa que aparecía en la envoltura. Para el fundador, el mazapán era un dulce del pueblo y fue el pueblo quien le dio identidad.

Consolidado el éxito del mazapán, la empresa amplió su portafolio con golosinas, chocolates, chicles y productos como los pulparindos. La diversificación fortaleció su presencia en el mercado y convirtió a la marca en una referencia constante del consumo popular.

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Actualmente, Dulces de la Rosa cuenta con tres plantas de producción, un centro de distribución y más de dos mil empleados. Sus productos se comercializan no solo en México, sino también en Estados Unidos, Canadá, Centroamérica, Europa y Medio Oriente, confirmando el alcance global de un dulce nacido en un taller familiar.

Jesús Michel González falleció en 1984, a los 73 años. Su legado permanece vigente en una empresa que logró convertir un mazapán en uno de los símbolos más reconocibles de México.

reddmemp

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