Viajar más lento para tomar mejores decisiones. Esa es la premisa que está redefiniendo los hábitos de miles de ejecutivos y emprendedores en América Latina. En México, donde los viajes de negocios representaron más del 14% del turismo total en 2025, el slow travel gana terreno como alternativa estratégica ante el agotamiento y la hiperconexión.
El viajero corporativo ya no busca solo eficiencia logística. Aspira a integrar propósito, bienestar y conexión cultural durante sus desplazamientos. Este cambio de enfoque no solo responde a una necesidad humana, también es impulsado por nuevas prioridades empresariales: cuidar al talento, fomentar la creatividad y reducir el estrés crónico en contextos de alta exigencia.
¿Cómo el slow travel redefine el ritmo del negocio?
El concepto implica más que alargar estadías o evitar itinerarios apretados. El slow travel promueve una mentalidad: trabajar mientras se explora, priorizar experiencias locales, fomentar el networking desde espacios de calma. El resultado es un entorno propicio para la innovación y la toma de decisiones con visión a largo plazo.
De acuerdo con un estudio de la plataforma Booking.com for Business, 62% de los viajeros corporativos globales prefieren opciones que equilibren trabajo y descanso. En México, esta tendencia se alinea con el crecimiento del turismo bleisure, que combinó negocios y placer en casi 3 de cada 10 viajes laborales entre enero y octubre de 2025.
Por otro lado, empresas como Grupo Posadas y cadenas internacionales ya adaptan su oferta a este perfil híbrido. Espacios con zonas de coworking, rutas culturales cercanas y políticas flexibles de check-in han pasado de ser diferenciadores a requerimientos básicos.
Un dato clave: según la firma Statista, el valor del mercado global de viajes de negocios superará los 1.5 billones de dólares en 2026. Integrar el slow travel como parte de las políticas de movilidad puede ser una palanca real de competitividad.
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