La Super Bowl dejó de ser solo un partido de futbol americano para convertirse en un ecosistema completo de entretenimiento, consumo y negocio. En 2026, el evento trasciende el emparrillado y se extiende durante días con cenas, fiestas, activaciones y una atención mediática que se mantiene antes, durante y después del juego entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks.
El impacto publicitario es uno de los pilares de este fenómeno. Estrenar un anuncio durante la transmisión ya no es solo una acción de marketing, sino una declaración de posicionamiento. Películas como Proyecto Hail Mary, protagonizada por Ryan Gosling, eligen este escaparate para mostrar su primer avance. A la par, celebridades como George Clooney, Sofía Vergara, Emma Stone, Bradley Cooper o Sabrina Carpenter se convierten en embajadores momentáneos de marcas que buscan atención masiva y conversación social.
En 2026, el costo de esa visibilidad alcanzó un récord histórico. Un anuncio de 30 segundos durante la transmisión supera los ocho millones de dólares, reflejo de una audiencia que no deja de crecer. La final de 2025 fue seguida por un promedio de 127.7 millones de espectadores, con picos acumulados que superaron los 200 millones de conexiones durante la emisión completa. Son cifras que consolidan al Super Bowl como el evento televisivo más visto del año en Estados Unidos.
Audiencia, consumo y creatividad como motores económicos
El espectáculo del medio tiempo es otro eje central. La actuación de Kendrick Lamar en 2025 fue vista por más de 133 millones de personas, convirtiéndose en la más seguida de la historia. Para 2026, la presentación de Bad Bunny, uno de los artistas más escuchados del mundo, apunta a romper ese récord y ampliar aún más el alcance cultural del evento.
La transmisión también se fragmenta estratégicamente. NBC confirmó que parte de los anuncios serán distintos para su señal tradicional y para su plataforma Peacock, donde negocios locales acceden a tarifas reducidas. Este modelo abre la puerta a nuevos anunciantes sin perder alcance nacional.
El impacto llega incluso a la gastronomía. El consumo durante el Super Bowl es parte esencial de la experiencia. Solo en alitas de pollo se estima el consumo de cerca de 1,480 millones de piezas en 2026, un aumento frente al año anterior. La comida se convierte así en otro negocio asociado al evento, impulsando cadenas de suministro completas.
Los anuncios reflejan esta diversidad cultural. Desde animación infantil hasta referencias a telenovelas, música pop, nostalgia cinematográfica y sátira tecnológica, la creatividad publicitaria se despliega en múltiples formatos y versiones. Cada marca busca no solo vender, sino quedarse en la memoria colectiva.
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El Super Bowl confirma en 2026 su papel como un motor cultural, económico y mediático. Un evento donde deporte, publicidad, entretenimiento y consumo se integran en una sola narrativa global.




