Una empresa familiar puede ser el motor económico de una región o su historia inconclusa. En México, solo 13% de estas compañías llega a la tercera generación. La causa no es falta de visión, sino de estructura. Sin una operación profesionalizada, estas empresas enfrentan ciclos cortos y riesgos altos, especialmente cuando la dirección sigue anclada en relaciones personales, no en procesos claros.
La advertencia no es nueva, pero sí urgente. En Culiacán, durante el Encuentro Regional de Negocios 2025, el consultor Alejandro Dabdoub puso sobre la mesa un dato preocupante: el 87% de las empresas familiares mexicanas no logra consolidarse más allá de los 30 años. Lo que comienza como un emprendimiento lleno de energía suele diluirse por falta de planeación operativa y cultura empresarial sólida.
Estructura operativa: la columna vertebral empresarial
El problema va más allá de la sucesión. En muchos casos, el negocio depende del fundador incluso en funciones básicas, como la toma de decisiones cotidianas o la gestión financiera. Dabdoub lo explica con claridad: sin procesos definidos, manuales operativos ni protocolos de crecimiento, el destino de estas empresas queda atado a la intuición, no a la estrategia.
La solución está en profesionalizar. Empresas que transitan de una gestión familiar a una estructura corporativa logran escalar, innovar y trascender generaciones. Implementar comités de dirección, evaluar el desempeño con métricas objetivas e incluir perfiles externos son pasos clave para asegurar la continuidad.




