Estados Unidos vive un momento clave para la relación entre empresas y la política comercial. FedEx anunció que, en caso de recibir devoluciones por los aranceles recientemente anulados, devolverá ese dinero a los remitentes y clientes que originalmente lo pagaron. Esta decisión se produce en medio de una ola de demandas corporativas tras una decisión judicial que impacta la política arancelaria del país.
El contexto es profundo. El Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó que los aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional fueron ilegales porque excedían la autoridad del Ejecutivo. Más de mil empresas han iniciado procesos para recuperar lo cobrado, desde gigantes logísticos hasta minoristas y fabricantes. FedEx es una de las primeras en comunicar su intención de reintegrar a los clientes cualquier reembolso que eventualmente obtenga.
Un giro significativo para la cultura empresarial y el comercio
FedEx no solo se suma al reclamo legal contra el Gobierno estadounidense sino que asume un compromiso claro con sus clientes. La empresa presentó una demanda ante la Corte Internacional de Comercio para reclamar el “reembolso completo” de los aranceles pagados, al argumentar que esos cargos les causaron perjuicios económicos considerables.
Asimismo, este movimiento puede transformar la manera en que las compañías gestionan riesgos regulatorios. La devolución de aranceles a clientes refleja un enfoque que combina responsabilidad corporativa y transparencia. Tal decisión inspira a otras firmas a replantear sus estrategias de atención al cliente en momentos de incertidumbre.
FedEx ha anticipado que los costos asociados a estos aranceles podrían haber representado un impacto de hasta mil millones de dólares en su ejercicio 2026, lo que subraya la magnitud del reto financiero para empresas globales.
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