El caso que rodea la muerte del fundador de Mango dejó de ser una tragedia familiar para convertirse en uno de los procesos judiciales más impactantes de España. La investigación sobre el fallecimiento de Isak Andic en Montserrat abrió una disputa marcada por sospechas, tensiones económicas y una relación deteriorada entre padre e hijo.
Los Mossos d’Esquadra sostienen que Jonathan Andic tuvo una participación “activa y premeditada” en la caída del empresario durante una excursión realizada en diciembre de 2024. Además, la jueza Raquel Nieto considera que existen suficientes indicios para llevar el caso ante un jurado popular.
Las autoridades destacan varios elementos relevantes. Entre ellos aparecen tres visitas previas de Jonathan a la misma zona de Montserrat durante la semana anterior al suceso. También investigan la desaparición de un teléfono móvil que supuestamente fue robado en Ecuador meses después de la muerte del fundador de Mango.
Isak Andic y el conflicto familiar detrás del imperio
La investigación también puso el foco sobre las tensiones familiares vinculadas al control patrimonial y empresarial. Según el sumario, Isak Andic planeaba modificar parte de su herencia para destinar recursos a una fundación benéfica. Esa decisión habría provocado fuertes desacuerdos con su hijo mayor.
Asimismo, mensajes analizados por los investigadores reflejarían discusiones constantes relacionadas con dinero, inversiones y sucesión empresarial. El caso tomó todavía más fuerza tras incorporarse testimonios de terapeutas familiares que participaron en sesiones privadas entre padre e hijo.
Por otro lado, la defensa insiste en que no existe ninguna prueba directa que vincule a Jonathan Andic con un homicidio. Sus abogados sostienen que todos los elementos presentados son interpretaciones y recuerdan que ningún testigo presenció lo ocurrido en Montserrat.
El proceso también impactó en Mango, compañía donde Jonathan continúa como vicepresidente del consejo. Mientras avanza la causa judicial, el futuro del legado empresarial construido por Isak Andic permanece bajo una enorme presión pública y financiera.




