Cuando alguien te diga que trabaja en la disciplina de la innovación, sabrás que lo que hace es aplicar conceptos y teorías desarrolladas por científicos de diversas disciplinas.
En los últimos años ha habido un consenso académico, y en la industria: la palabra “innovación” está sobreutilizada. Uno puede verla en diferentes momentos para explicar distintos conceptos.
Un informe publicado en The Wall Street Journal, en mayo de 2012, indica que la palabra innovación aparece en el título, sólo en el título, de 220 libros publicados en tan sólo tres meses. El problema es que la innovación per se no es una disciplina de las históricamente denominadas “básicas”.
La innovación tiene su nacimiento en la “estrategia”. Y ésta en la teoría de juegos. Y ésta en la sociología, en la psicología, en la economía, y todas potenciadas por la utilización de la matemática como “instrumento de modelado”.
Cuando un jugador tiene en cuenta las reacciones de otros jugadores para realizar su elección, se dice que tiene una estrategia. Una estrategia es un plan de acciones completo que se lleva a cabo cuando se juega el juego. Se explicita antes de que comience el juego, y prescribe cada decisión que los agentes deben tomar durante el juego, dada la información disponible para el agente. La estrategia puede incluir movimientos aleatorios.
De ahí que el estudio y la aplicación de la innovación son interdisciplinarios, es decir, con base en conceptos y teorías sobre el ser humano que han sido desarrollados por científicos de disciplinas tan diversas como la psicología, sociología, antropología y economía.
Por eso, cuando alguien te diga que trabaja en la disciplina de la innovación, sabrás que lo que hace es aplicar conceptos profundos de economía, marketing, recursos humanos, economía del comportamiento, antropología del consumidor, y otras ramas de “disciplinas históricas” potenciadas por el modelado de datos estadístico-matemáticos, que le dan vida a la innovación como disciplina. Ésta es la única forma de “hacer innovación”.
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