Liderar al trabajador de bajo rendimiento

Empleado con bajo rendimiento consciente recibiendo retroalimentación en oficina corporativa en México
Liderar al trabajador de bajo rendimiento

Olvídense de las renuncias silenciosas o de los lunes en modo “zombie”. En México, una conducta aún más perjudicial está tomando fuerza dentro de las organizaciones: el trabajador de bajo rendimiento consciente. A diferencia de quienes se autoengañan sobre su desempeño, estos empleados saben que no rinden, lo admiten, pero no hacen nada para cambiar. Y eso, para un equipo y su líder, es letal.

La peligrosidad radica en que esta actitud suele estar disfrazada de sinceridad. Frases como “sé que no soy el mejor, pero soy constante” o “los números no son lo mío, pero intento” sirven como escudos emocionales. Sin embargo, lo que aparenta ser humildad, en muchos casos, encubre una falta deliberada de acción. De hecho, directores de talento en Ciudad de México afirman que este fenómeno ya está alterando dinámicas de equipo y retrasando entregables clave.

¿Cómo enfrentar al trabajador de bajo rendimiento consciente?

No basta con que el colaborador reconozca su bajo rendimiento. La clave está en pedir un plan concreto de mejora inmediata. Separar consciencia de responsabilidad evita que el carisma sustituya a los resultados. El líder que permite que la autoconciencia funcione como justificación, termina normalizando la inacción.

Asimismo, los equipos de Recursos Humanos deben dejar de asumir que la consciencia siempre es sinónimo de compromiso. Según Harvard Business Review, aunque el 95% de las personas creen ser autoconscientes, solo entre el 10% y el 15% realmente lo son. Este autoengaño institucionalizado se convierte en una amenaza invisible para la cultura empresarial.

Evaluar con métricas claras, mantener las conversaciones centradas en el futuro y romper con la indulgencia improductiva es esencial. Un “sé que fallo, pero sigo aquí” no puede valer más que un reporte entregado a tiempo.

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