La salida del poder de Nicolás Maduro reconfiguró de forma inmediata el tablero energético en Venezuela y abrió un escenario inédito para la industria petrolera internacional. El país, que concentra las mayores reservas probadas de crudo del planeta, vuelve a ser visto como un activo estratégico para Estados Unidos, no solo por razones geopolíticas, sino por su potencial económico en un mercado global tensionado.
Durante años, el petróleo venezolano permaneció subexplotado por sanciones, deterioro operativo y falta de inversión. Además, la producción cayó a mínimos históricos, afectando ingresos fiscales y capacidad exportadora. En consecuencia, el cambio político genera expectativas de reconstrucción acelerada del sector energético bajo nuevos esquemas de gobernanza y apertura al capital extranjero.
Petróleo venezolano y estrategia de Estados Unidos
El presidente Donald Trump confirmó que su administración impulsará la entrada de empresas estadounidenses para reactivar campos petroleros y exportar crudo venezolano. Asimismo, planteó que compañías de Estados Unidos lideren la modernización de infraestructura, con el objetivo de elevar producción y canalizar exportaciones hacia mercados internacionales.
Este enfoque prioriza eficiencia operativa, recuperación de activos y control logístico. Por otro lado, representa un giro frente a modelos anteriores, al colocar al sector privado como motor central de la reactivación.
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Empresas, inversión y gobernanza energética
El nuevo escenario abre oportunidades para grandes petroleras con experiencia en operaciones complejas. Además, exige marcos regulatorios claros que ofrezcan certidumbre jurídica y estabilidad a largo plazo. De igual manera, la reconstrucción del sector implica inversiones multimillonarias, transferencia tecnológica y formación de talento local.
La dimensión empresarial va más allá del petróleo. La reactivación energética impacta transporte, servicios, comercio exterior y finanzas públicas. En consecuencia, Venezuela se perfila como un caso clave de cómo los recursos naturales pueden convertirse en palanca de recuperación económica si se combinan apertura, disciplina operativa y supervisión institucional.
A finales de 2025, estimaciones internacionales situaron la capacidad potencial de recuperación de producción venezolana en más de un millón de barriles diarios adicionales si se restablecen inversiones y mantenimiento, un volumen capaz de influir en el equilibrio del mercado energético global.




