La tortilla no es solo un alimento básico en México. Es un símbolo cultural, un oficio transmitido por generaciones y una de las cadenas productivas más importantes del país. En 2026, las tortillerías representan un negocio que combina tradición artesanal con volumen industrial y que mueve miles de millones de dólares a nivel global.
México cuenta con más de 100 mil tortillerías distribuidas en todo el territorio. Cada día producen millones de toneladas de tortilla, principalmente de maíz nixtamalizado, un proceso ancestral que aporta valor nutricional y cultural. Este modelo sostiene empleos directos e indirectos en molienda, transporte, maquinaria, comercialización y distribución.
El consumo interno es masivo. Se estima que en México el consumo per cápita anual supera los 70 kilos por persona. Esta demanda constante convierte a la tortilla en uno de los productos alimentarios con mayor estabilidad comercial del país. El precio y la producción influyen incluso en indicadores económicos locales.
De tradición local a industria global
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El negocio de la tortilla trascendió fronteras. Empresas mexicanas exportan harina de maíz y maquinaria especializada a Estados Unidos, Centroamérica, Europa y Asia. El mercado global de productos derivados del maíz, incluyendo tortillas y wraps, supera varios miles de millones de dólares anuales y continúa en expansión impulsado por el crecimiento de la gastronomía mexicana en el extranjero.
A nivel corporativo, compañías como Gruma, propietaria de marcas internacionales de harina de maíz, consolidaron la industrialización del sector y ampliaron su presencia global. Gruma opera en múltiples continentes y reporta ingresos anuales que superan los 100 mil millones de pesos mexicanos, reflejando el peso económico del maíz procesado.
Sin embargo, la esencia cultural permanece en las tortillerías de barrio. Allí el proceso mantiene su carácter artesanal y su conexión directa con la comunidad. Este equilibrio entre industria y tradición explica la permanencia del negocio.
En términos globales, la tortilla dejó de ser un producto regional para convertirse en categoría internacional. El auge de la comida mexicana, el crecimiento de dietas basadas en maíz y la diversificación hacia productos sin gluten impulsan su expansión.
Las tortillerías no solo redefinen la cultura mexicana. Representan una industria estratégica que combina identidad, empleo y crecimiento económico en un mercado global cada vez más competitivo.




