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Alejandro Martínez Araiza, secretario general nacional del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC), planteó ante autoridades y legisladores estadounidenses una discusión que coloca al talento laboral y al poder adquisitivo en el centro de la competitividad de Norteamérica.
El planteamiento surgió durante reuniones realizadas en Washington, D.C., con representantes del Departamento del Trabajo de Estados Unidos y miembros del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes.
El objetivo, explicó el dirigente, es que la revisión del T-MEC considere no sólo las reglas comerciales, sino las condiciones que permiten que las cadenas productivas sean sostenibles en el largo plazo.
Desde una perspectiva empresarial, el líder sindical considera que una estructura salarial insuficiente puede convertirse en un límite para el crecimiento.
“Si los trabajadores producen bienes y servicios, pero no cuentan con ingresos suficientes para consumirlos, se debilita uno de los motores fundamentales de cualquier economía: la demanda” dijo.
Alejandro Martínez Araiza identificó varios efectos que, a su juicio, pueden derivarse de una política orientada a mejorar los ingresos laborales:
El dirigente retomó como referencia histórica el modelo aplicado por Henry Ford, quien incrementó los salarios de sus trabajadores y contribuyó a crear consumidores capaces de adquirir los productos que fabricaba la industria automotriz.
Para el secretario general del SNAC, la lección es particularmente relevante para Norteamérica: el trabajador no debe ser considerado únicamente como un costo dentro de la estructura productiva, sino también como un consumidor y un componente estratégico del mercado.
En ese sentido, propuso que el proceso de revisión del T-MEC incorpore una ruta gradual de convergencia laboral y una referencia salarial de 7.25 dólares por hora con 56 horas de pago semanal.
El planteamiento busca modificar una lógica de competencia sustentada principalmente en menores costos laborales y avanzar hacia un modelo donde productividad, ingresos y consumo se refuercen mutuamente.
La apuesta, concluyó Alejandro Martínez Araiza, es que la generación de riqueza en Norteamérica se traduzca en mayor bienestar para quienes sostienen sus cadenas de producción, una condición que también puede favorecer la estabilidad y la capacidad competitiva de las empresas.
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