Algunos restaurantes sobreviven al paso del tiempo porque entienden algo esencial. Una buena experiencia puede convertir a los clientes en parte de la historia del negocio. Don Lázaro El Viajero representa ese modelo en Santa María la Ribera, Ciudad de México, donde mantiene una relación cercana con varias generaciones de comensales.
El restaurante abrió sus puertas en 1944 y actualmente suma 82 años de historia. Su propuesta conserva recetas mexicanas, atención cercana y una identidad que se construyó junto con la colonia.
Don Lázaro El Viajero convirtió una historia en identidad
La historia comenzó con Lázaro L. Torra, un inmigrante ucraniano que llegó a México en 1939 junto con su esposa española. Después de establecerse en Santa María la Ribera, abrió El Viajero y encontró en la gastronomía una forma de construir comunidad.
Además, su proyecto empresarial tuvo una dimensión social. Don Lázaro impulsó la Escuela Mural del Libro Abierto para enseñar a leer, escribir y realizar operaciones básicas a niños de la colonia. El restaurante ayudó a financiar aquella iniciativa educativa.
Ese vínculo explica parte de la identidad que todavía distingue al establecimiento. En sus paredes permanecen recuerdos de aquella etapa y nombres de familias que han mantenido una relación con el restaurante durante décadas.
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Tradición mexicana que mantiene vigente al negocio
La carta apuesta por platos conocidos y recetas familiares. Entre sus especialidades aparecen el caldo de gallina con arroz y garbanzos, la carne asada al carbón, el mole poblano y el chile poblano relleno.
Asimismo, el restaurante mantiene productos de temporada que generan expectativa entre sus clientes. Su chile en nogada alcanza un kilogramo y utiliza más de 30 ingredientes, mientras la temporada también impulsa una nueva visita de consumidores habituales.
La historia también incluye a Cantinflas, quien acostumbraba pedir longaniza y salsa preparada en molcajete. Ese episodio suma valor cultural a una marca que ha logrado convertir sus propias historias en parte de la experiencia gastronómica; El caso de Don Lázaro El Viajero muestra cómo la permanencia empresarial puede construirse con identidad, consistencia y una relación auténtica con la comunidad.




