¿En verdad nos interesa el mediano y largo plazos?

Una de las razones que los políticos dan como justificación para las políticas públicas que diseñan y aplican, es el mediano y largo plazos del país que gobiernan; también, caso no infrecuente, para defender al gobierno en el cual prestan sus servicios o, ¿por qué no?, su trabajo legislativo. En lo que se refiere a éste último, en el colmo de la cursilería y pésimo español, los legisladores gustan de hablar de leyes de gran calado.

En el caso de los partidos políticos y sus dirigentes, el mediano y largo plazos sirve para encubrir componendas y triquiñuelas de índole diversa, útiles para promover como candidatos a cargos de elección, a los  más impresentables de sus militantes.

Sin embargo, ¿qué subyace a todas estas manifestaciones —aparentemente sinceras—, de casi todos nuestros políticos, sean éstos gobernantes, funcionarios o dirigentes partidarios? Todo lo contrario; en realidad, su interés y acciones estarían concentradas en la inmediatez, en el peor cortoplacismo que pudiéremos imaginar.

Ingenuo que soy, a pesar de los años, supondría que en verdad hay un interés genuino por el mediano y largo plazos; por ver más allá de lo inmediato, de la coyuntura. No es así; para probarlo, basta revisar las declaraciones de aquéllos.

La gobernación consta del aquí y el ahora pero, viendo y tomando en cuenta siempre, el mañana. Es decir, las consecuencias que para el país, su economía y la población toda tendrían, en el futuro inmediato y mediato, éstas o aquellas políticas públicas puestas en práctica por el gobierno en turno, del orden que fuere. 

De la misma manera, como parte de la gobernación, hay que considerar en esto del mediano y largo plazos las omisiones del gobierno en funciones frente a problemas detectados los cuales, de no ser enfrentados y sentadas las bases de su solución, le estallarían al que lo sucediere y, sin duda, el costo de enfrentarlos y empezar a resolverlos sería mucho mayor. Si bien unas posposiciones son más caras y dañinas que otras, todas reflejan una gran irresponsabilidad en la gobernación.

¿Recuerda usted aquella posición de López acerca de Pemex cuando, si no me equivoco, Carlos Navarrete le señaló que de actuar así, Pemex se hundiría? López, soberbio y ya perdido en la insania, contestó que ya llegaría él a la Presidencia para rescatarlo.

Eso de prefiero quemar mi casa, para ver la de enfrente arder, no es infrecuente en México. Es tan normal actuar como planteó López, que tenemos varias expresiones para identificarla. ¿Ha escuchado  patear el bote hacia adelante, o aquélla de el que venga atrás, que arree?

Va otro ejemplo para demostrar lo popular que es entre nuestros políticos, eso de dejar para mañana y para otros, lo que ellos deberían hacer hoy. Aquí va: El problema no se va a enfrentar en esta administración, no vamos a vivir las consecuencias de este problema en esta administración y probablemente ni siquiera en la siguiente, pero es un hecho que a partir de la segunda mitad de la próxima década va a haber, de no hacerse cambios en el régimen contributivo a las cuentas individuales. ¿Se atreverá este gobierno a concretarlos? ¿Usted también piensa que no? Lo sabía. 

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