La buena, la mala y muy mala del petróleo

Una de las preguntas más recurrentes cuando se toca el tema de la Reforma Energética en una sobremesa es: ¿Cuándo se van a registrar los beneficios en los bolsillos de los consumidores?, en buena medida la respuesta ya se ha expresado a través de la baja inflación, ya que las tarifas eléctricas han disminuido y la gasolina no ha subido. No obstante, se trata de una respuesta compleja porque no es suficiente decirle a las personas que lo más importante ha sido que la disminución de las tarifas eléctricas industriales ha permitido que no se incrementen los precios de productos  y que, gracias a los gasoductos que se comenzaron a licitar, las alertas críticas de desabasto de gas sean cosa del pasado. Casi nunca será convincente mencionar que podríamos estar mucho peor, pero es escalofriante pensar en las perspectivas de México en caso de que no se hubiera aprobado la Reforma debido a que estaríamos haciendo una transición en condiciones aún más difíciles con unas finanzas públicas aún más petrolizadas.

LO BUENO

Una nueva respuesta con perspectivas mixtas vino ayer de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que dio a conocer en su Panorama Mundial de Energía 2015 que los precios del petróleo se van a mantener en sus niveles actuales al menos hasta 2020. La proyección es buena noticia para millones de consumidores mexicanos debido a que la liberalización de los precios de manera escalonada permitirá que los precios de la gasolina se mantengan estables y que, incluso para 2017, gracias a la competencia puedan comenzar a bajar.

LA MALA

La parte no tan optimista de lo proyectado por la AIE es que el escenario de precios bajos del crudo es una mala noticia para los procesos de licitación de yacimientos petroleros en México, ya que, aunque los proyectos de este sector tienen una maduración que se mide en lustros, las empresas del sector tienen que modificar sus tasas de retorno bajo un escenario que hace menos atractivos los activos que se ponen a la venta.

LA MUY MALA

Las proyecciones de la AIE implican una pésima noticia para naciones como Venezuela, cuya fragilidad política puede agudizarse aún más con un prolongado periodo de recesión derivado de una economía altamente petrolizada o puede mantener la debilidad económica de otras naciones con importancia geopolítica significativa, como es el caso de Rusia o Irán. Arabia Saudita merece una mención especial, hace unas semanas el Fondo Monetario Internacional dio a conocer que si el reino no controla su déficit y se mantienen bajos los precios del crudo, depredará sus activos financieros en el próximo lustro. Es una pésima noticia para la agenda de reducción de gases de efecto invernadero, ya que disminuyen los incentivos para el desarrollo de biocombustibles, lo que evitará que se desarrollen mejoras en eficiencias energéticas, que representan 800 mil millones de dólares y, sobre todo, fomentará la tendencia en el calentamiento global con cambios radicales de primer orden en el escenario mundial.

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